La columna vinófila: ¿Cómo elegir una buena copa para vino?

Nuestra sommelier Ana Paula Arias inaugura hoy su columna sobre vinos y otros brebajes con una breve y aguda guía para elegir copas y no morir en el intento.

por ANA PAULA ARIAS

Comprar copas se puede volver una tarea imposible si tenemos en cuenta las mil y una formas y tamaños que encontramos en el mercado. El nivel de especialización y sobreinformación que hay desde hace unos años en el mundo del vino impactó finalmente en la cristalería. ¡A no desesperar! 

Lo primero que debemos preguntarnos es qué tipo de consumidores somos: si somos más bien de sacar las copas para “una ocasión especial” -cada muerte de obispo, bah-; o si nos gusta cenar con vino todos los días y la idea de tomarlo en vaso definitivamente nos deprime.


 Copa tulipa

Si pertenecemos al primer grupo, podemos pensar en copas más grandes, aparatosas, que tienen una función no solo enológica sino también estética en la mesa. Si somos más del segundo grupo, tenemos que ir por la durabilidad, el tamaño y la practicidad. 

El producto es básicamente el mismo. Tiene un pie, un tallo y un cáliz, y las variantes de la anatomía de la copa van en sintonía con el tipo de vino para el que fueron diseñadas. Si, por ejemplo, tiene forma de tulipán, servirá para que el vino caiga más hacia la punta de la lengua creando una sensación frutal y más dulce. Si es más ovoide, en cambio, el vino va a parar al centro de la boca generando armonía entre el tanino y la acidez. Por nuestra tradición de vino tinto Malbec, esas son las que más conviene comprar.



Copa ovoide

Lo más lindo del berretín del vino es que siempre hay lugar para lo lúdico, así que va una propuesta: hacer una cata ¡pero de copas! Es realmente sorprendente lo que cambia el mismo vino en distintos cálices. 




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