Peter Kent: diferenciarse siempre

Con ese lema, Héctor “Quique” Neer, quien un día se quedó sin trabajo y se animó a diseñar carteras, creó Peter Kent, la emblemática marca de marroquinería que cumple 50 años y que hoy perdura bajo la nueva mirada de su hijo Gustavo.


por GABRIELA PICASSO
@gabpicasso



Aunque Peter Kent haya abandonado la tradicional esquina de Arenales y Libertad para mudar sus diseños coloridos y únicos a un par de cuadras de su lugar de origen, la marca de los icónicos “baulitos” que supo lucir la reina Máxima de Holanda cumple cinco décadas celebrando un estilo disruptivo, lujoso y de primera línea en la creación de objetos de cuero.

La historia de Peter Kent comienza en 1970, cuando Héctor “Quique” Neer trabajaba en una papelera y Berta, su esposa, llevaba la contabilidad de una constructora. Juntaron peso sobre peso y marcharon a su soñada luna de miel a Europa. Al regreso, la papelera había quebrado. Eran los 70, Quique estaba recién casado y no tenía trabajo. Sin más experiencia en la moda que su buen gusto y la fascinación por la estética del lujo, decidió salir al ruedo fabricando cinturones, que él mismo vendía por las boutiques de Barrio Norte.  El éxito lo llevó a animarse con las carteras; alquiló un local en la calle Arenales, y así, de la crisis, nació Peter Kent.



Los pasos de Quique fueron seguidos por su hijo mayor, Gustavo, un diseñador gráfico que durante más de una década se convirtió en la sombra de su padre en los talleres, en las curtiembres y en las ferias, para incorporarse a fuerza de voluntad y perseverancia en el área de diseño hasta convertirse en director creativo. Hoy, luego del fallecimiento de Quique en 2019, Gustavo es el flamante CEO de la marca, continuando con la tarea junto con el equipo que acompañó a la marca desde sus inicios.

Lo que hace diferente a Peter Kent frente a cualquier otra marca es el cuidado por los detalles y la atención puesta en cada uno de los procesos involucrados, desde la terminación exclusiva de los  cueros, pasando por la obsesión de la perfección en los herrajes y hasta el control de calidad exhaustivo de cada elemento para lograr incluso que el envejecimiento del producto, con el paso del tiempo, sea impecable.



La incorporación del color siempre fue un hito en la marca. Los fuertes: naranja, verde loro, fucsia, rojo sangre, cobaltos, violeta y también las combinaciones imposibles como la del azul y el marrón. También fueron capaces de imaginar una cartera con cierre de imanes. El famoso baulito Ámsterdam, que usa Máxima de Holanda, es su cartera más emblemática. La escultora Analía Segal creó unas ramas de aluminio fundido como percheros para colgar las carteras, y visionariamente, se transformaron en las icónicas manijas que lo destacan entre todos. 

¿Quién era Peter Kent?  Peter Kent es un nombre de fantasía que surge de una historia entrañable: cuando Quique era chico, allá por los años 50, su abuela paterna, que era rusa, lo llevaba a cortar el pelo a Harrod’s, donde después tomaban el five o´clock tea con una amiga de ella. El circuito era siempre el mismo: iban caminando por la plaza San Martín y luego pasaban a buscar a su amiga, una condesa polaca que tenía un negocio de carteras en la única esquina de Buenos Aires donde se cortan dos paralelas: Marcelo T. de Alvear y Santa Fe. Era el mejor negocio de carteras que había, y se llamaba Peter Kent. Por eso, en homenaje a su abuela, al chocolate caliente del viejo Harrod’s y para honrar la fama de la condesa y sus famosas carteras, decidió ponerle Peter Kent. Una marca con la que buscaba replicar aquella época de glamour artesanal.


https://www.peterkent.com.ar/






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