La Cresta, rotisería canchera y gourmet en el corazón de Almagro

Nos dimos una vuelta por La Cresta, pequeño lugar que todo almagrense de bien conoce, y que cada vez atrae más público de otros barrios. El menú en pizarras, con opciones que no por ser pocas dejan de ser variadísimas. Todo fresquísimo, a buen precio y para comer ahí o llevar. Estuvimos probando sus delicias y hablando con la dueña, Samanta González.

Después de vivir varios años en Inglaterra trabajando en gastronomía, negocio al que se había dedicado toda la vida, Samanta González se hartó del desarraigo y decidió volver a Buenos Aires para probar suerte con un concepto simple: armar una especie de rotisería gourmet pero accesible, básica pero canchera, con pocas opciones y productos fresquísimos. Ensaladas y pollos condimentados. Nada más.

No hay historias relacionadas con gallos ni gallinas, y tampoco hay conexión con la avícola Cresta Roja (aunque nunca falta quien las confunda); el nombre es un objetivo y una aspiración a ubicarse en la cima, en la cresta de la ola. 

Cinco años después de abrir el primer y ya cerrado local en San Telmo, La Cresta es uno de los principales epicentros gastronómicos de Almagro, llenándose todos los mediodías y noches de la semana con personas de todas las edades que pasan por el pequeño y acogedor negocio para comprar wraps, ensaladas, hamburguesas, sándwiches y pollos, entre otras cosas, para llevar o para comer ahí, si tienen suerte y consiguen una banqueta disponible.

Samanta, capitana del equipo de seis personas que están en su mayoría desde los inicios y saben hacer todas las tareas, cuenta que La Cresta estuvo entre los primeros locales de gastronomía express en la zona almagrense ubicada entre Corrientes y Córdoba, hoy repleta de hamburgueserías, cervecerías y otros bares. "Nosotros, sin embargo, no somos ni una hamburguesería ni una cervecería, y nos importa que la gente lo sepa. Ofrecemos opciones saludables, con productos frescos y caseros; ahumamos acá mismo la bondiola y la panceta, hacemos nuestros propios nachos, y adaptamos todos los platos para los clientes vegetarianos, veganos y celíacos, a pedido y en el momento".

Es bastante simple: los proveedores con los que La Cresta trabaja desde sus inicios llevan a diario las verduras y las carnes, y los mismos productos se usan para absolutamente todos los platos, por lo que no hay desperdicio y la frescura está siempre garantizada. Hay varias opciones de ensaladas, con las que se hacen también los wraps; la bondiola, los pollos, la carne vacuna y la panceta se cocinan o ahuman en el enorme horno artesanal de hierro que está detrás del mostrador, a la vista de todos (parece una caja fuerte antigua; pesa una tonelada), y se usan para las hamburguesas, para los wraps, para los sandwiches.

Como el público es variado y de todas las edades, hay férreos fieles a cada una de las opciones de las pizarras, y todo tiene más o menos la misma demanda. "Vamos cambiando un poco la carta, incorporando cosas, pero la realidad es que no nos dejan sacar casi nada; las veces que intentamos retirar algún wrap o sándwich, recibimos reclamos para que volvieran", cuenta Samanta. El concepto siempre fue el mismo, y el público, feliz de comer cosas rápidas pero de calidad y a buen precio, está compuesto por muchísimos clientes regulares que vuelven a diario a este pequeño local ubicado en Bulnes entre Humahuaca y Guardia Vieja.

La Cresta abre todos los días desde el mediodía hasta la noche. Las opciones son variadas, sin ser demasiadas. Hay muchos wraps, uno mejor que el otro (aunque recomendamos particularmente el Tex-Mex, picantito). No hay papas fritas, sino unas papas al horno que están buenísimas. El pan de los sandwiches y hamburguesas es esponjoso, bien casero y no le quita protagonismo a la carne y las verduras, como debe ser. Todo es abundante, generoso, y se hace en el momento. Acá hay gente que sabe lo que quiere cocinar, y sabe lo que nosotros queremos comer. 

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