La columna vinófila: ¿Por qué algunos vinos son tan caros?

En el insondable mar de vinos, a veces nos encontramos ejemplares con precios dignos del Ahora 12. Entre la perplejidad y la indignación pasamos de largo, no sin antes preguntarnos ¿qué tienen adentro? ¿Oro? Los vinos carísimos tienen un por qué, y acá te lo contamos.

por ANA PAULA ARIAS

En líneas generales, la elaboración del vino siempre se trata de lo mismo: la uva va del viñedo a la bodega y es fermentada, luego se estabiliza, se clarifica y se embotella. Las variantes y los detalles de este proceso son muchos, y también son determinantes a la hora de ponerle el precio final al producto. 

Desde el costo obvio que significa el uso de una barrica de roble americano o francés (de primer, segundo, o tercer uso) hasta cuestiones más específicas que tienen que ver con la cosecha manual, la selección de racimos e, incluso, de granos (esto es: separar baya por baya las mejores en tamaño y madurez), todo contribuye a que el precio de los vinos en góndola ascienda en algunos casos a niveles descomunales.


Decir que en la formación del precio del vino no juega un papel importante el departamento de marketing es faltar a la verdad. Sin embargo no se trata, como a veces se cree, de inflar el importe de acuerdo a la marca, sino de ponerle el precio al vino de acuerdo con el concepto que se quiere vender: ¿para qué está hecho ese vino? ¿En qué momento se va a disfrutar? ¿Es algo especial o para todos los días? Por ejemplo, el vino ícono de una bodega, aquel que está en la gama más alta del porfolio, que expresa la identidad de la marca y que, además, fue hecho con el mayor de los cuidados, no puede costar lo mismo que cualquier gran reserva.


Otra de las variables fundamentales es el factor humano: los cosecheros que trabajan incansablemente del primer al último día de la vendimia; también el ingeniero agrónomo y el enólogo que, tanto dentro de la bodega como afuera, en el viñedo, se encargan de que el producto que llega a nuestra mesa sea el mejor posible.


Y para ser justos, lo cierto es que Argentina tiene a nivel mundial una de las mejores relaciones precio-calidad. Dejando de lado incluso el factor de la devaluación, es muy, pero muy difícil de verdad encontrar vinos de otros países que sean tan exquisitos como los nuestros y estén a menos de diez dólares.


Como siempre, les recomendamos juntarse con amigos y experimentar las variantes de precios y calidades. Eso sí, para librarse de cualquier prejuicio, lo mejor es catar a ciegas. Probar varias botellas con la etiqueta tapada y ver si realmente hay diferencia entre los vinos de gama media, premium e hiper premium. El resultado los sorprenderá. 

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