Cuánto pagar por un vino

Hace poco se realizó un interesante ejercicio de investigación en Escocia, del que participaron más de 500 personas, donde se estableció que la mitad de los consumidores -y lo hacen extensivo a todo la población- no es capaz de distinguir en cata a ciegas vinos de diferentes precios.

La experiencia fue organizada por la Universidad de Hertfordshire, en Inglaterra y se sirvieron dos botellas de champa?a, con precios de US$28,79 y US$49 respectivamente. Se compararon además botellas de vino que costaban menos de US$8 con vinos a?ejos con precios de US$16,34 y US$48.

Si bien, la idea de los catedráticos era establecer –desde un perfil cercano a la economía- hasta qué punto tenía sentido pagar por una botella más del doble, si el placer que le proporcionaba no era equivalente; a la vez determinó que un 50% de la gente, si era capaz de percibir esas diferencias cualitativas.

Creo que el estudio revela una situación muy cercana a la realidad, que va variando en cada país, de acuerdo al acercamiento de la gente al hábito de consumo de vinos. Que en Inglaterra la mitad de los encuestados puedan discriminar entre un vino de diferente precio, es una cifra muy alentadora y que habla de un mercado preparado para el consumo y sepa que su elección no sólo esta condicionada por el precio. Que normalmente los vinos de mayor valor, dan también mayores satisfacciones a la hora del descorche.

Otra lectura muy diferente (el vaso medio lleno o medio vacío) hacen los encuestadores al afirmar que el 50% representa el promedio del azar entre dos alternativas.

De todas maneras, el precio que los productores ponen a sus vinos, no es proporcional en la relación calidad/precio. No se da que el vino de $ 100 sea del doble de bueno que el de $50. Hay factores que juegan en la conformación de un precio, que están mucho más vinculados al marketing, las peque?as producciones, los terru?os, los asesores, el uso de barricas nuevas, los envases, corchos, etc.

En la medida que el consumidor entusiasta conoce de vinos, se hace de parámetros sensoriales que le permiten establecer esas diferencias; y en muchos casos, descubrir vinos de un valor en góndola sensiblemente menor con más calidad y felicidad que otros que están por encima.

Esto me recuerda una anécdota reciente, de un grupo de jóvenes que amigos del vino, que estuvieron de visita en una bodega. Entre ellos había algunos incipientes comunicadores. El bodeguero, con mucho sentido del humor, sirvió un vino Torrontés en una botella tapada y preguntó cuanto pagarían por ella. Uno de los periodistas tomó la palabra e hizo una exaltación de las virtudes del vino, que culminó con un pagaría $ 80 por botella. El hacedor del vino, sonrió y trajo una damajuana: Lo saqué de acá, el litro sale $6.

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