Crónica de allá: viaje a la cuna del whiskey

Viajamos a Irlanda para conocer de cerca la destilería Tullamore, responsable de uno de los whiskies más antiguos del país, y hablamos con su embajador, Kevin Pigott, quien nos contó la historia y el presente de una excepcional bebida que llega a Argentina de la mano de Bodega Norton.

por ANA PAULA ARIAS



Pese a ser el lugar donde nació el whiskey, Irlanda no integra el top 3 de países productores: lo superan Escocia, Estados Unidos, Canadá y Japón. Sin embargo, eso es algo que está revirtiéndose con rapidez. Kevin Pigott, embajador de la destilería Tullamore, cuenta que “a principios de 1990 había apenas tres destilerías en todo el país; hoy hay 21 y siguen abriendo. Hay una revolución del whiskey, todo el mundo quiere conocer dónde se originó”.


Cuando el gigante William Grant & Sons compró Tullamore en 2011, la empresa pasó de una producción de 6 millones de botellas a 11 millones en menos de una década. Actualmente la destilería exporta a más de 80 países, un dato que da cuenta de lo rápido que crece el furor por el whiskey irlandés.


Además de la cuestión histórica, muchos consumidores se han volcado a su consumo porque suele ser más suave que el escocés y menos dulce que el americano. La línea clásica de Tullamore, la de etiqueta verde, es una alternativa fantástica para quienes recién empiezan a beber destilados, aparte de tener una excelente relación precio-calidad.


“Hacemos todo el proceso de elaboración acá en la destilería, del grano a la copa. Decidimos construirla en esta zona, así podemos utilizar el agua que viene de las montañas Slieve Bloom, que están a pocos kilómetros. De esta forma tenemos un total control de cada etapa. Tenemos construidos cuatro almacenes de 50 mil barriles cada uno, y estamos construyendo ocho más”, cuenta Pigott.


Estando en Irlanda, no podemos evitar hacernos una pregunta: ¿qué sucede con la cerveza, el principal competidor de whiskey? La famosa Stout está íntimamente ligada a la idiosincrasia del pueblo y, pese estar gravada con impuestos muy altos, los pubs siempre están llenos de gente que pasa a tomarse una o varias pintas. Para Kevin esta es una realidad que, de a poco, también va cambiando: “tradicionalmente la gente mayor tomaba más whiskey porque no quería beber demasiada cerveza. Ahora los jóvenes están bebiendo whiskey porque es una bebida muy trendy, da mucho estatus. También es común beber cerveza y whiskey a la vez. Primero el whiskey para calentarte, si está frío afuera, y luego la cerveza. Los americanos le llaman a eso ‘boilermaker’; para nosotros es ‘a tall and a small’, ‘a half and a half’, ‘a pint and a drop’, etc. Tenemos muchas formas de llamarlo”.


A quienes elaboran Tullamore no les molesta mezclar su whiskey con otras bebidas. No existe esa impostura, muchas veces presente en el mundo del vino, que acepta un único modo de beber como “el correcto”. Los irlandeses saben que, si hay miles de formas distintas de hacer un whiskey, miles de combinaciones distintas de granos, maltas y barriles, hay igual cantidad de maneras de disfrutarlo. Esa es además una gran diferencia con el escocés: mientras que este promueve un consumo más tradicional, el whiskey irlandés tiene un estilo más desenfadado. El Tullamore tonic y todas las variantes de cócteles con whiskey –que se encuentran en la página web de la marca– son una muestra del estilo de consumo que les interesa promover.


El porfolio se completa con varias etiquetas, cada una con un estilo acorde a un tipo de consumidor: desde el Original, un blend de cuatro y siete años, pasando por el Tullamore D.E.W. 18 años Single Malt y el Tullamore D.E.W. Phoenix (en homenaje al emblema del pueblo), los master blenders no temen experimentar con barricas de distinto tamaño y distinta procendencia, como barricas de bourbon y de jerez.



Tullamore: historia y renacimiento


Tullamore es un pequeño pueblo de 12 mil habitantes en el centro de Irlanda, a 100 km de Dublín. Hasta hace cuatro años, la destilería estaba en Middleton, en el Condado de Cork, lugar donde fue a parar cuando cerró sus puertas en 1950. Actualmente está de vuelta en el pueblo que le dio el nombre.


“Los irlandeses inventaron el whiskey”, dice Kevin con orgullo. “Hacen whiskey como las abejas hacen miel, está en su ADN. El primer registro escrito de ello es The annals of Clonmacnoise, una compilación de manuscritos que van desde la prehistoria hasta 1408 y que fueron encontrados en un monasterio a unos 50 km de Tullamore. Lo que se cuenta en ellos es que los monjes viajaban por el mundo predicando el cristianismo cuando descubrieron el proceso de destilación en Medio Oriente, donde destilaban perfumes y otras cosas (no whiskey). Cuando volvieron empezaron a destilar su cerveza, porque la querían hacer más fuerte y mejor. Con el tiempo el whiskey evolucionó en algo muy especial”.


Lo primero que se ve en el hall de entrada de la destilería es un ave fénix de unos tres metros de alto, hecha en cobre. “Está hecha con el mismo material de nuestros alambiques, y con el tiempo irá tomando un tono verde, como sucedió con la estatua de la Libertad. Somos personas de whiskey, así que estamos acostumbrados a esperar a que algo se tome unos 20 años para cambiar”.


El símbolo tiene un doble significado: por un lado, se trata de un concepto que remite a la reconversión de una industria que estaba paralizada y que pudo, en los últimos años, revivir. Por otro lado, el fénix es el emblema oficial del pueblo de Tullamore, que literalmente renació de sus cenizas a fines del siglo XVIII.


“1785 fue un pésimo año. Hubo un gigantesco incendio que quemó todo el pueblo, ocasionado por un globo aerostático. El hijo de un lord, cuyo castillo estaba a unos 3 km, cumplía 21 años, y quisieron festejarlo con un gran show. El globo cayó y, como el material de los techos de las casas era muy inflamable, se prendieron fuego rápidamente. Muchos resultaron heridos, pero nadie murió porque todos estaban afuera viendo el espectáculo”. Los habitantes se mostraron muy resilientes y juntaron dinero para rehacer las más de 100 casas que se habían quemado. Esa reconstrucción, planificada y con un considerable presupuesto donado por los señores más adinerados de la zona, resultó en la conversión de Tullamore en un lugar mucho más próspero que el que se había prendido fuego.


La historia del whiskey se junta con la historia de Irlanda y suma una serie de cuentos entrelazados. Las primeras prácticas de destilación se mezclan con las leyendas celtas y las canciones que se hicieron en honor a la bebida. La relación de Irlanda con la Corona inglesa se fusiona con la historia del Movimiento de Templanza, que exorcizaba a los demonios del alcoholismo de sus feligreses. Los altibajos en el desarrollo de la industria del whiskey tienen conexión con una serie de infortunios que dejaron a Irlanda borrada casi por completo del mapa de los destilados. Sin embargo, esta no es una historia de derrota: es el relato de un país y de un producto que, finalmente, tuvo su revancha.



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