Alberto Arizu, el enomosquetero

Celebrando su vida y trayectoria, aquí la charla con uno de los forjadores de la industria del vino en nuestro país.

Director y factotum de la prestigiosa bodega Luigi Bosca, Alberto Arizu cumplió los 70 y refleja un dinamismo excepcional. Su memoria no le juega muchas malas pasadas, y se expresa con precisión durante una extensa charla en un café  de la calle San Martín de Mendoza, su Mendoza que conoce y quiere como pocos. Y si un nombre a veces se escapa, aparece pronto pues su memoria es la de un joven. No hay lagunas.

Casado desde hace 45 a?os con Alicia Mateu, propietaria de la prestigiosa bodega Vi?a Alicia, todos sus hijos están involucrados con el vino desde diferentes ópticas. Alberto Esteban (h), el mayor, desde Buenos Aires, conduce todo lo vinculado a lo comercial y las exportaciones; es también el presidente de Wine of Argentina, la entidad más importante dedicada a la promoción de los vinos del país en el exterior. Gustavo, un verdadero estudioso de terru?os y vinificación, se ocupa de las relaciones con el exterior y la logística. Rodrigo, el menor, también está en el vino: desde Vi?a Alicia, donde produce únicamente vinos de muy alta gama. Luigi Bosca es una de las pocas empresas familiares que se mantienen vigentes y en franco crecimiento en Argentina, dirigida por los hermanos Alberto, Roberto, Estela y Raúl (h) Arizu, mientras se van incorporando sus descendientes.

Si bien el equipo funciona muy bien en la mayoría de las áreas, hay algo que no puedo dejar: el trato con la gente. Son las cosas que hago personalmente ya que me gusta estar al lado de los trabajadores. Creo que hay muchos jefes que no saben comunicarse o no explican las cosas claramente y luego culpan a los obreros. Me ha tocado despedir a personal jerárquico, que a pesar de ser buenos técnicos, no saben trasmitir los conocimientos hacia abajo. Esto sucede sobre todo en las fincas, donde hay que llevar los nuevos conocimientos de la ciencia a la gente que toda su vida trabajó en forma empírica, por costumbre. Si uno se da tiempo de ense?ar y explicar porqué se hace cada cosa, el hombre lo asimila y no se equivoca. Alberto Arizu piensa cada palabra y luego las ideas suenan firmes, con fundamento.

Llegar a los 70, en los que me siento joven, me está dando mucho. Fundamentalmente paciencia y tiempo para trasmitir el amor por las cosas y la tierra. Siento, en forma permanente, respeto, afecto y reconocimiento por mi trayectoria. Ahora soy más mediador, formador de grupos y sigo pendiente del día a día en la empresa. Insisto en estar cerca de la gente y tratar de buscar maneras de solucionar sus problemas, en especial los referentes, por ejemplo, a salud de su grupo familiar, ya que eso le permitirá trabajar más tranquilos. Me veo con los conocimientos más decantados, puedo hablar de casi todas las áreas y dar mi opinión mas profunda. El tiempo me ha ayudado a abrirme más y a escuchar a todos.

Leoncio Arizu, el abuelo, llegó a Mendoza en las postrimerías del siglo XIX. Desde Buenos aires viajó en tren a San Luis (hasta donde se extendían las vías) y luego en carretas y diligencias a Mendoza. Después de trabajar un tiempo en un almacén en la Villa 25 de Mayo en San Rafael, volvió a Mendoza y estudió. Se incorporó a las explotaciones vitivinícolas, en 1901 fundó la sociedad y se compraron los primeras fincas. Nació su padre, Leoncio Saturnino, que estudió ingeniería agronómica, y dio continuidad a la firma. Alberto Arizu se graduó en la facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional y se apasionó con la profesión.

Entendí que la calidad de los vinos estaba en el vi?edo, un concepto que muy pocos compartían. A los grandes centros de consumo y distribución sólo le importaban los volúmenes, la calidad no estaba en discusión. Había que hacer el cambio cualitativo comenzando por los vi?edos, y me metí de lleno. Tuvo que pasar mucho tiempo para que todos lo aceptaran. No estaba solo en esa lucha, había varios agrónomos que pensaban como yo. Tiempo después, juntos, compartimos la alegría de lograr la jerarquización de nuestra profesión. Antes nos decían ‘chacareros diplomados’ o ‘capataces de finca’ y nos tenían muy poco en cuenta al momento de hacer los vinos. Nunca un ingeniero agrónomo entraba en las bodegas. Afortunadamente, eso cambió y para siempre.

El nombre Arizu, había sido adquirido por el grupo Greco, que luego protagonizara una de las quiebras mas nefastas de Mendoza y determinó que compraran la marca Luigi Bosca en los 80’s, perteneciente a una empresa de origen italiano radicada en Argentina, que aún elabora Asti en Italia. Coincidente con el nuevo enfoque cualitativo, la flamante marca Luigi Bosca se consolidó.

Desde hace dos a?os, como si sintiera que los tiempos se acortan, tengo desesperación por leer. Fundamentalmente sobre todo lo que hace a la tecnología de la viticultura, lo referente a clones, clima, suelos. A veces no me llevo muy bien con lo que llega a través de la informática, pero hay gente en el equipo que lo hace muy bien. Aunque soy de los que piensan que no se puede manejar todo desde una computadora.

Viajero incansable, no es ajeno a los aviones y a los hoteles alrededor del mundo. Sus destinos, salvo los viajes que suele hacer con alguno de sus 9 nietos, están vinculados a la vitivinicultura. Normalmente, a pesar de tener muchos amigos, viajamos solos con Alicia, ya que los demás se suelen aburrir en nuestras visitas a vi?edos y bodegas. Veo en el mundo algo a lo que adhiero cada día con mayor convencimiento: la ecología y el cuidado de los entornos. Me aflige ver proyectos arquitectónicos que no respetan la tierra y avanzan en forma indiscriminada. Un bodeguero italiano me dijo hace poco: tú eres un ‘enomosquetero’, luchas por defender a la tierra de las agresiones de los hombres. Fue el mejor sobrenombre que me pusieron.


Los problemas los tengo amortizados. Ya no hay muchas cosas que me desequilibren, veo todo desde otra perspectiva. Los mejor de los a?os es que me ense?aron a derivar y confiar en un gran equipo de personas, lo que me ha dado libertad y, sobre todo, tiempo para hacer lo que me gusta.


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